La ciudad de los osos, las flores y el Toblerone. Berna

Curiosa la procedencia del nombre de la ciudad. En alemán “Bär” y en castellano “oso”; el que era duque de esas tierras hace más de 800 años se le ocurrió la idea, muy propio de aquel entonces, de organizar una cacería con el fin de que el primer animal que probase el plomo en esa mañana daría el nombre a la actual capital Helvética. Así, la ciudad de Berna podría haberse llamado “liebre” o “zorro” en su traducción; pero la naturaleza ese día quiso que fuera un oso.

Con este pretexto ahora es más fácil entender el porqué de la plaga de osos en todas sus texturas (de chocolate, de peluche, en llaveros, tazas e incluso reales) a lo largo de toda la extensión de la ciudad.

Llegamos a Bahnhof Bern a las 14.30 horas. El primer consejo: evitar visitar la ciudad un domingo; todos los comercios están cerrados e incluso gran parte de restaurantes y cafés, además, museos y otros edificios de carácter turístico cierran antes de hora que el resto de días de la semana. Segundo consejo: evitar visitar la ciudad los lunes; es el off day de la  gran mayoría de museos.

Al salir de la estación (Bahnhof) tomo una calle al azar (Schauplatz Gasse) que me lleva a Bundesplatz; la plaza preliminar a la casa del Consejo Federal y el Parlamento (Bundeshäuser).

Edificio gubernamental Bundeshäuser; visto desde Bundesplatz.
Edificio gubernamental Bundeshäuser; visto desde Bundesplatz.

Continuando por la calle Kocher Gasse llego a la catedral de la ciudad (Münster) con su correspondiente plaza donde destacan las rojas flores que adornan los edificios de la misma.

Planta primera de la Catedral de Berna (Bern Münster). Su torre de aguja (de 100 metros de altura) es la más alta del país. [Actualmente en reconstrucción].
Planta primera de la Catedral de Berna (Bern Münster).
Vistas de los Alpes desde la torre de la Catedral. La torre mide 100 metros de altura y es la más alta del país. [Actualmente en reconstrucción].
Vistas de los Alpes desde la torre de la Catedral. La torre mide 100 metros de altura y es la más alta del país. [Actualmente en reconstrucción].
Berna, rodeada por el río Aare, comunica su centro histórico con el otro lado de la ciudad a través de numerosos puentes. El Kirchenfeld Brücke (puente Kirchenfeld) es la entrada/salida directa a la plaza Helvetia; la plaza del arte, pues alberga la entrada a diferentes museos berneses.

Monumento de bronce dedicado a la Unión Telegráfica Internacional en Helvetiaplatz. El edificio de detrás alberga el Bernisches Historisches Museum.
Monumento de bronce dedicado a la Unión Telegráfica Internacional en Helvetiaplatz. El edificio de detrás alberga el Bernisches Historisches Museum.

A través de un relajado paseo escuchando de fondo la corriente del río, llego a Bärengraben. Más osos. Ahora los de verdad. Aunque podrían pasar por peluches. No tuve la oportunidad de verlos en movimiento, sólo durmiendo, echados debajo de boscosos árboles. En la parte más baja del vallado hogar de los peludos animales, turistas y locales disfrutan del soleado día en la zona de baño Marzili.

Zona de baño Marzili, a los pies de Bärengraben. El primer puente, el más grande, es Nydeggbrücke; el trasero corresponde al puente más antiguo de la ciudad, el Untertorbrücke.
Zona de baño Marzili, a los pies de Bärengraben. El primer puente, el más grande, es Nydeggbrücke; el trasero corresponde al puente más antiguo de la ciudad, el Untertorbrücke.

El sol empieza a caer y nos dirigimos al jardín de las rosas de Berna (Rosengarten); situado a unos 8 minutos cuesta arriba desde Bärengraben.

Rosengarten. Al fondo, pareja de enamorados.
Rosengarten. Al fondo, pareja de enamorados.

Además de osos, flores y el famoso Toblerone, podríamos aportar una característica más a la ciudad: la abundancia de fuentes (con funciones tanto únicamente de hidratación como también decorativas). La alargada y principal calle que va desde Gerechtigkeits Gasse (cruzando por el puente Untertorbrücke) a Spiral Gasse está plagada de estas fuentes temáticas con figuritas y adornos.

Al fondo se aprecia el reloj dorado de la Zeitglockenturm; estampa típica bernesa.
Al fondo se aprecia el reloj dorado de la Zeitglockenturm; estampa típica bernesa.

Y para terminar mi visita bernesa: el barrio de Lorraine. Ambiente bohemio, bombillitas de colores y terrazas donde se puede cenar o tomar algo disfrutando de las últimas noches veraniegas de Suiza.

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